Cine Críticas

Crítica de Creed

Sylvester Stallone tiene un don para hacer la misma película una y otra vez y hacer que funcione. Tal vez sea porque se enfoca en lo que más importa en la narración: personajes atractivos. Y Creed II está lleno de ellos.

Primero, está Adonis (Michael B. Jordan), el meditabundo, malcriado, campeón del mundo. Está Rocky (Sylvester Stallone), la vieja leyenda que solo reconoce su papel cuando las cosas se ponen mal. Bianca Taylor, una talentosa cantante que sufre de pérdida auditiva y su amor por un boxeador autodestructivo. Está Mary Anne Creed (Phylicia Rashad), la viuda cansada de Apollo Creed, que constantemente se ve obligada a controlar a su hijo, y luego están los villanos. Ivan y Victor Drago (Dolph Lundgren y Florian Munteanu), los marginados rusos que buscan la redención por los fracasos de Ivan Drago. Todos tienen un propósito en esta película, y todos tienen un lugar para hacer avanzar la trama: vengar las acciones de Rocky IV.

Un nuevo ángulo en un clásico de la Guerra Fría. Sabemos qué esperar de una película así. El desafío del hijo de Ivan es el tipo de revancha por la que vale la pena esperar. Sabes que Creed tiene que luchar para demostrar su valía. Y sabes que en algún momento, Victor Drago lo superará, preparándonos para un montaje de entrenamiento que parece que nunca envejece. Cuando se lanzó Rocky IV, no era solo una película de boxeo, era prácticamente una película de propaganda sobre la superioridad de los valores e ideales estadounidenses. En Creed II, no se trata del país, es personal. Se trata de descubrir qué es lo más importante para ti en tu carrera y en tu propia vida. Y por muy cliché que todo suene, funciona sorprendentemente bien en esta película, gracias en parte a la fuerza del desarrollo del personaje de la película, a los actore y la brillante dirección que brilla en una majestuosa cinematografía.

Adonis Creed es una adolescente temperamental que incluso se golpea a sí mismo en la película. Victor Drago resulta una copia al carbón del androide de Ivan y apenas tiene suficiente diálogo para ganarse al publico. Pero lo hacemos porque sabemos que su padre está viviendo a través de él.  Iván es un marginado en su tierra natal, y la madre de Victor los abandonó a ambos porque no tiene respeto por los perdedores, por lo que son personajes sorprendentemente simpáticos en su búsqueda de ser amenazadores. De alguna manera, esta película logra hacer que te importe porque la película entiende que su verdadero poder se encuentra en esos pequeños momentos de reflexión que se acumulan para la pelea. Son momentos como en el que Rocky reflexiona sobre la relación rota que tiene con su propio hijo y trata de averiguar si se atreve a hacer las paces. Este es el pegamento que mantiene esta franquicia sólida, poniendo a la familia por encima de la carrera y el ego. Y cuando finalmente llega el momento de luchar, tus emociones están tan involucradas en el resultado que te encontrarás al filo del asiento.

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