Filmmaking

Lo que la gente “normal” no entiende sobre ser cineasta

“El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrales al niño.”  –
INDIRA GANDHI

Indira no podía tener más razón. En el artículo de ayer hable sobre hacer cine y conseguir un “look” más cinematográfico, en él hablé sobre cómo la perseverancia y constancia te llevarán al objetivo. La idea es simple y atractiva… tanto que para ser un artículo de filmmaking tuvo una buena acogida.

El punto era que si realmente amas el cine, tienes que hacer más cine. Cuantos más proyectos hagas, tus posibilidades de éxito aumentarán, así como la calidad de tu imagen.

Tiene sentido, ¿verdad?

En este post quiero hablar con aquellos cineastas que comienzan, aquellos que deciden dejar de ser críticos de internet y comenzar a grabar.

Y decirles: Ama el proceso. Sé participe en el proceso por sí mismo e intenta divorciarte de los resultados. Sobre todo porque como artistas tendemos a compararnos con otros cineastas, sobre todo con la referencia visual que tenemos en cartelera todos los viernes o incluso con el contenido que nuestro colega comparte en instagram…

Quiero recordarte que eres cineasta, no porque busques la grandeza, sino porque amas el proceso de hacer cine (lo que no es fácil), si puedes gozar la profesión, los resultados eventualmente llegarán.

¿Por qué?

Porque la gente “normal” no entiende que las historias son parte de nuestro ADN, porque ellos son los incapaces de soñar despiertos, porque ellos no sienten la obligación de contar aquellas cosas que les importan, sin importar el costo y el resultado.

Porque somos cronistas de los pequeños detalles de la vida.

Porque nadie “normal” sabe lo que es materializar una idea en un fotograma.

Porque nosotros somos los ilusionistas, capaces de extraer la verdad de la mentira.

Porque el cine nos da y quita; se retroalimenta, nos impulsa a crear, a hacer cosas, a exponer nuestra visión del universo, y como entendemos y sentimos la realidad.

Porque en el fondo sabemos que la vida no se trata de conformarse, y no se trata de hacer lo fácil. En cambio, entendemos intuitivamente que la vida es crecimiento. Justo como pasa en las películas. Y el mejor crecimiento, el más significativo, proviene de superar la incomodidad, del dolor. Y el cine es una muy buena herramienta para gritarlo al mundo.

Cada fotograma que hacemos, cada página de guión es una cicatriz de batalla. Nuestras películas (cortos, largos, documentales) son un pedazo de nosotros que arrojamos al mundo. Y tenemos que aguantar críticas y envidias de gente que ni siquiera tuvo el valor para intentarlo.

Porque no es frivolidad, es las necesidad arraigada a un profundo deseo de crear.

Porque cuando un médico me preguntó para qué servía el arte, le dije que para darle sentido a las vidas que salva.

Porque en cada rodaje habrá molestias, habrá adversidad, habrá dolor.

Porque el sacrificio más grande no es el económico, sino el emocional.

Pero eso está bien.

Porque vas a salir siendo un mejor cineasta.

Y tendrás algunas cicatrices de impresionantes batallas que contarás al mundo.

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